El plano inicial(u opening shot, pa los siúticos)de The Place Beyond the Pines, de Cianfrance. Recomendadísima!
El plano inicial(u opening shot, pa los siúticos)de The Place Beyond the Pines, de Cianfrance. Recomendadísima!
“A media manzana de distancia de un teatro de aspecto repulsivo oí unas sonoras carcajadas. Decidí que debía entrar y ver qué era lo que hacía tanta gracia. En el escenario había ocho o diez personajes en un número llamado “Una noche en el club”. Uno de esos actores llevaba un bigote muy pequeño unos zapatos muy grandes, y mientras una corpulenta y desarrollada soprano cantaba un lieder de Schubert, el otro, alternativamente, escupía al aire un surtidor de migas de pan y la apedreaba con naranjas podridas. Al terminar el número el escenario estaba hecho un asco.
Saliendo del teatro, regresé a la consigna para encontrarme con mis hermanos. Les dije que acababa de ver a un gran cómico. Lo describí… Un hombre pequeñito con un diminuto bigote, un bastón, un bombín y unos zapatos muy grandes. Luego me puse a andar por la consigna, imitándolo lo mejor que pude. Cuando terminé de alabar sus excentricidades, mis hermanos apenas podían contener el deseo de verlo.
Los circuitos Sullivan-Considine y Pantages corren paralelos a la costa, y finalmente coincidimos con el Vancouver. Yo lo había elogiado tanto que mis hermanos se sentían algo escépticos. Después, él apareció en escena, y en menos de cinco minutos todos reconocieron que era como yo lo había descrito y aun mejor.
Después de su representación, fuimos a su camerino y nos presentamos. Le encontramos en un sucio cuartucho que compartía con otros tres actores cómicos. Después de las presentaciones prelminares, le dijimos lo mucho que nos había gustado. Durante la conversación subsiguiente, nos explicó que ganaba cincuenta dólares a la semana, y que, aunque se le habían prometido sesenta, nunca los había cobrado.
El hombrecillo había creado ya una conmoción considerable en la industria cinematográfica. En realidad, nos explicó que un magnate cinematográfico le había ofrecido quinientos dólares a la semana para que trabajase para él. Lo felicitamos.
- ¿Cuándo empieza? - le pregunté.
-No voy a aceptarlo - contestó.
- ¿Por qué no? - inquirí, atónito-. Ahora sólo gana cincuenta a la semana. ¿No le gusta el dinero?
- Ya lo creo que sí - contestó (y, amigo, más adelante se cuidó muy bien de demostrarlo) -. Pero, miren, muchachos; yo soy capaz de ganarme cincuenta dólares a la semana, pero ningún cómico vale quinientos. Si firmo con él y no tengo éxito, me despedirán. Y entonces, ¿qué será se mí? Os lo diré: ¡me quedaré en la miseria!
Era un hombrecillo extraño aquel Charlie Chaplin. Cuando lo vi por primera llevaba lo que antaño había sido un cuello blanco y una corbata de lazo negra. No puedo describir bien su aspecto, pero en cierto modo parecía un cura que hubiese sido excomulgado, pero que se resistiera a renunciar a sus hábitos.
En las semanas subsiguientes, nos hicimos muy amigos. Él era terriblemente tímido, y recuerdo en especial una noche en que todos fuimos a un prostíbulo de Salt Lake City, sólo para reírnos. La madam se encaprichó de Charlie, pero éste no quiso saber nada con ella, ni con ninguna de las otras chicas más jóvenes. En cambio, se pasó toda la velada tendido en el suelo, jugando con el bulldog inglés de la madam.
Cuando nos marchamos, ya de noche, descubrimos tres bidones frente a la casa. Los alineamos con la separación prescrita y luego pasamos la mayor parte de la noche jugando a saltarlos, con apuesta de uno y cinco centavos.
Volví a encontrarme con Charlie mientras actuábamos en el teatro Orpheum de Los Angeles, algunos años más tarde. él seguía llevando el cuello y la corbata característicos. La única diferencia es que ya no estaban sucios. Oh, sí, había otro pequeño cambio. Él se había convertido en el cómico más famoso del mundo.”
Groucho Marx refiriéndose a su primer encuentro con Charles Chaplin.
August, 1980 American Cinematographer magazine interview with Steadicam inventor and operator Garrett Brown regarding his experience filming The Shining.
February, 1976. Producer Jan Harlan writes to Stanley Kubrick and speaks passionately about a new piece of technology so impressive that it could lead to “shots which would not enter your mind otherwise.” That invention was the now-ubiquitous Steadicam, and Harlan was right to be so impressed. Indeed, Kubrick shared his enthusiasm, so much so that the Steadicam was used extensively and to great effect in his next movie, The Shining — most notably the smooth tracking shots in the hotel’s corridors — and in every film of his that followed.
(Source: maudit)
Pickpocket!
Los Testigos (1971), dirigida por Charles Elsesser, con dirección de fotografía y cámara de Héctor Ríos.
Claire Denis and Beatrice Dalle on the set of Trouble Every Day (2001).
La Jetée - Chris Marker, 1962
La Passion de Jeanne d’Arc - Carl Theodor Dreyer, 1928
(via lettertojane)
Pe. Li. Cu. Lón.
(Source: randomweas, via marmotastudio)
Hermosa y sequísima la Tatiana Samojlova, como que tiene un aire a la Paulette Goddard.
(Source: russian-and-soviet-cinema)